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Lo sorprendente es su trascendencia internacional, multitud de lugares se han hecho eco de formas parecidas de protesta, por primera vez se ha escuchado a una generación que ya estaba siendo condenada en los siniestros cálculos de la economía liberal, por primera vez la calle ha recogido los restos de la vergüenza de los últimos movimientos del capitalismo. Esto ha mostrado que el lenguaje está vivo, que de un lema sin apenas esperanza, porque era el lema del imperio “yes we can”, se ha pasado al “yes we camp”, con toda esa ironía.